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martes, 25 de septiembre de 2012

Soñar con libertad o la libertad de soñar

(Desde el Centro Penitenciario CAI San Rafael):

“Soy una persona trabajadora que en algún momento tuvo sueños hasta que cometí un error en mi vida…” Estas son las palabras de uno de los privados de libertad del CAI San Rafael, con el cual compartimos en el Segundo Taller de Nueva Oportunidad. Después de leerlas detenidamente me pregunto: ¿Quiénes somos nosotros para negar sus sueños a los privados de libertad? ¿Por qué los hacemos pensar que por estar privados de libertad pierden su derecho a soñar?"

Esta fue la temática tratada el pasado 19 de setiembre por parte del staff de la fundación en el segundo taller realizado en el centro penal llamado “Volviendo a Empezar”. Tuvimos la oportunidad de trabajar con 20 privados de libertad no sólo llenos de entusiasmo y disposición, sino de historias, arrepentimientos y deseos de progreso.

Durante el taller se realizaron varias actividades con el fin de que cada privado de libertad se conociera a sí mismo, sus miedos, sus límites, deseos, sus más profundos sueños en los cuales habían dejado de creer. Y se preguntarán: ¿Cuál es la necesidad de esto? La respuesta es sencilla: no podemos apoyar y creer en alguien que no cree primero en sí mismo.
Tiene una importancia radical para la fundación recordarle a cada uno de estos privados de libertad el valor que tienen no sólo como trabajadores, padres, esposos, abuelos, sino como personas. Ellos han sido y son víctimas del rechazo social, de la indiferencia, de prejuicios y estigmas que marcan sus vidas. Pero debemos de recordar algo: el ser privado de libertad es una condición. Eso no los define como personas.

Durante el desarrollo de las actividades cada uno de ellos compartió sus historias, sus aspiraciones y fueron recordando poco a poco lo que se siente ser una persona libre. Libre para soñar, libre para desear, libre para luchar por cumplir sus sueños.

Es inexplicable la felicidad que puede transmitir el brillo en los ojos de cada uno de estos muchachos que, con un poco de ayuda, recordaron las cosas que siempre han deseado. “Ponerme una farmacia”, “formar una familia”, “ser un profesional”, “ponerme un taller con mi hermano” son solo algunos de los muchos sueños que ellos tienen, y que la fundación actualmente está trabajando para ayudar a cumplirlos.

Finalmente, terminamos la actividad con una “Pizarra de Compromisos”. En esta cada uno escribía a que se iba a comprometer consigo mismo. Esta pizarra, actualmente, está ubicaba en el Taller de Artesanías del Centro Penal, en el que diariamente trabajan cada uno de ellos. Y esta va a ser un recordatorio no sólo del esfuerzo y trabajo que deberán de poner para cumplir sus compromisos, sino del derecho que cada uno tiene de tener esperanza y fe de que sus sueños aún se pueden cumplir.

Recordar: la vida no está condicionada por opiniones, sino por acciones.




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