photo header_zps1e2213e2.png

miércoles, 6 de marzo de 2013

José Bonilla: un campeón de la vida

José Bonilla Solano  entró a prisión siendo muy joven. Desde adolescente fue adicto a distintas drogas y no fueron pocas las noches que durmió en las calles. Hoy es un microempresario que exporta sus productos a Estados Unidos y Europa. Con una voz ronca y la sabiduría de quien ha vivido las situaciones más difíciles que se puedan imaginar, nos cuenta cómo pasó diecinueve años de su vida en la cárcel, ocho de estos en un módulo de máxima seguridad. Era considerado un privado de libertad conflictivo, problemático, por lo que lo trasladaban con frecuencia de un centro penal a otro.

Conoció a su primera hija estando en la cárcel. Ella años después le llevo a su nieto. Llegó a la cárcel tan joven que su pareja, hoy su esposa, aún era menor de edad. Su mamá lo visitaba cada semana, aún recuerda como le preguntaba cabizbaja porque a sus compañeros les daban beneficios y a él cada vez le recluían en módulos de mayor contención.


En la cárcel recibió puñaladas. Los funcionarios y oficiales del sistema penitenciario le temían. Dice que aprendió malas mañas, sus maestros fueron “lo  mejor de los peores”. Y aunque ingresó por un robo, su perfil era de un privado de libertad peligroso, al que había que aislarle por el bien de la población del centro.


En una de esas tantas noches, un 30 de diciembre, su fe en Dios y sus deseos de ser una nueva persona le motivaron a cambiar. Su actitud hacia la vida  fue otra. Fue trasladado al Centro de Atención Institucional Cocorí en Cartago y ahí empezó a interesarse por las artesanías en cuero.Sus primeras piezas no fueron las mejores. Dice que su familia se las compraba por lástima, para motivarle. “Eran unos bolsos que ni forma tenían”. Pero sus deseos de superarse le hacen ser un gran artesano en cuero.

Al salir de la cárcel tenía una sola meta: poner un taller. Consiguió un trabajo en Heredia al cual viajaba desde Cartago, aprovechaba cada noche y madrugada para pulir su arte. Sólo tenía una convicción: quería un “negocito”.
Poco después, el IMAS le dio un pequeño capital semilla: una máquina y material. Con las ganancias compró otra máquina. Y poco a poco fue aumentando su producción.
Con su primer mes de salario construyó una galera. A la par de su casa, que según dice en ese momento era otra galera. Tomó zinc de segunda y empezó a levantar su sueño, con una máquina prestada y ninguna formación en negocios.

En el 2011 se presentó a las audiciones de Esto Promete, no sabía que era una audición ni para que servía. Pero a las 4:00 am se presentó a hacer fila con la convicción de exponer su sueño. Fue seleccionado entre los diez ganadores. Hoy es considerado por el IMAS un caso de éxito. Recibió seis millones quinientos mil colones más de capital semilla. El Banco Nacional le dio un crédito por dos millones. Dice con orgullo: “yo un ex privado de libertad, a quien todo mundo consideraba una rata, el banco me da un crédito ¡y  sin  fiador!”

Su casa ya no es una galera, tiene cuatro empleados, también ex privados de libertad y diez vendedores. Construyó un nuevo taller que tiene  diez maquinas industriales. Sus productos se caracterizan por la alta calidad y son exportados. Don José  es una muestra de que existe talento en los centros penales costarricenses. Debemos creer en la rehabilitación de los privados de libertad y darles las herramientas reales que les permitan reinsertarse a la sociedad.


Redes sociales

TwitterFacebook